sábado, 7 de marzo de 2020

Día de la visibilidad lesbica en Argentina



Argentina

En Argentina el día de la visibilidad lésbica se observa el día 7 de marzo desde el año 2013 cuando fue oficializado en la Legislatura porteña.  

Cuando su novia le decía cariñosamente “gordo”, Natalia “la Pepa” Gaitán se ponía contenta: estaba orgullosa de su lesbianismo, de vivir sin ocultar su elección de género. Una madrugada del 7 de marzo, Gaitán murió en un hospital cordobés por el escopetazo en el estómago que le había dado el padrastro de su novia, horas antes. En su recuerdo y para reclamar que no se repita, la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires convirtió en ley el Día de la Visibilidad Lésbica.

Después de pegarle el tiro a Gaitán, Daniel Torres fue a la policía y se entregó. “No surge con certeza” que la causa para matar “fuera la condición sexual de Natalia Gaitán”, dijo en su voto el presidente del tribunal que juzgó el asesinato, Víctor María Vélez, una  posición que fue acompañada por sus colegas Carlos Ruiz y Ricardo Iriarte. El juicio se hizo entre el 26 de julio y el 8 de agosto de 2011, en la Cámara Séptima de Tribunales II de Córdoba, y Torres fue condenado a 14 años de prisión. El fiscal había pedido que se tratara el caso como un “crimen de odio por orientación sexual”, y al no ser considerado así, en muchos quedó la sensación de que se invisibilizó el móvil del asesinato.

Mujer y lesbiana: exclusión por partida doble

Los pedidos de reforma apuntan a que esta ley se modifique para incluir una figura contra la discriminación LGBT específica. También se pide que no solo se penalice con prisión, sino que se eduque a los agresores. “Si las mujeres son un grupo históricamente vulnerado, las mujeres que aman a otras mujeres son doblemente vulneradas: por mujeres y por lesbianas. La característica fundamental de esta discriminación es la invisibilización de ellas y sus familias. En consecuencia, son excluidas, negadas, vulneradas, violentadas y hasta asesinadas, y por ende su existencia y la de sus familias”, dice el proyecto de ley presentado por la legisladora porteña María Rachid.

La ley del Día de la Visibilidad fue aprobada en 2013  y en su redacción colaboró La Fulana, una organización de activismo lésbico donde participa Claudia Castrosín. Esto dijo a Infojus Noticias:
-Nos sentimos de identidad lesbiana porque consideramos que para el sistema, identificarse como mujer tiene un montón de atributos que nosotras no tenemos. Primero porque ser una mujer es ser heterosexual y nosotras vamos por otro camino. Por otro lado, se tipifica que tenés que tener ciertas medidas corporales, ser blanca y otras características que hacen de la palabra mujer algo que no nos representa.

“Cuando nosotras nos adueñamos de nuestros cuerpos, aparece un freno”
-¿Para qué visibilizar el género? 
-Hay muchas personas que no son visibles, ya sea porque no quieren perder el trabajo, no se animan a contarle a sus familias o porque tienen diferentes miedos. Lo que no se dice, lo que no se nombra, lo que no se ve; no existe. Si uno no hace esa reflexión y está siempre con una doble vida, se vuelve muy estresante. Hay que respetar existen tiempos para cada cual. Pero cuando no estás ocultando algo, la vida se te hace más fácil. Si sos feliz y todo el tiempo lo tenés que ocultar,  te genera una angustia permanente. 

Fuente: Día de la Visibilidad Lésbica: "Porque lo que no se nombra, no existe". 7  marzo de 2015. http://www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/dia-de-la-visibilidad-lesbica-porque-lo-que-no-se-nombra-no-existe-7735.html Consultado el 08-04-2015. 

Este articulo fue publicado en el blog de Quiteria Franco el 12 de abril de 2015. http://quiteriafranco.blogspot.com/2015/04/dia-de-la-visibilidad-lesbica-en.html


viernes, 6 de marzo de 2020

Doble techo de cristal


El término es una metáfora que ha sido utilizada para describir las barreras invisibles (cristal) a través de las cuales las mujeres pueden ver las posiciones de élite, por ejemplo, en el gobierno o en el sector privado, pero no las pueden alcanzar puesto que se lo impide ese techo invisible. Esas barreras impiden que grandes cantidades de mujeres y minorías étnicas consigan y se aseguren empleos poderosos, prestigiosos y mejor pagados del mercado laboral

Por: Quiteria Franco / @qfranco

El techo de cristal es doble cuando además de negar importantes posiciones de elite por el simple hecho de ser mujeres se agrega la exclusión por orientación sexual. Las mujeres  lesbianas o bisexuales afrontan una doble discriminación, la de ser mujer y la de ser lesbiana o bisexual. Aunque este hecho no es exclusivo para mujeres lesbianas, sino también para hombres gay. En ingles se hace referencia a este problema como “the gay glass ceiling” o “lavander ceiling”.

Muchas veces esas trabas provienen no solo de los hombres en posiciones de poder, sino además de otras mujeres. Pareciera entonces que las mujeres lesbianas participan en una carrera contra múltiples obstáculos en el ascenso al éxito laboral o profesional.

No se trata de que las mujeres lesbianas lleguen a su lugar de trabajo y griten su orientación sexual, sino que sientan la seguridad de estar en un ambiente libre de discriminación en el que encuentren la tranquilidad de que no serán víctimas de retaliación debido a su orientación sexual en caso de que decidan mostrarla; al tiempo que no se vean obligadas a ocultar su orientación sexual debido a posibles consecuencias negativas.

El lugar de trabajo es donde compartimos con nuestros pares profesionales sobre nuestra vida familiar, si decidimos casarnos solicitamos permiso por matrimonio, luego la posibilidad de incluir a la pareja en el plan de seguro médico, seguro de vida, en fin, todos los beneficios laborales que disfrutan los empleados heterosexuales. Las empleadas y trabajadoras lesbianas optan por no disfrutar de estos beneficios laborales por temor a las consecuencias de develar que están en una relación con alguien de su mismo sexo.  Ante la posibilidad de ser discriminadas o frenadas en su ascenso profesional muchas optan por ocultar su vida familiar.

Hostilidad en el lugar de trabajo

Una quinta parte de los estadounidenses LGBTQ (20%) han experimentado discriminación por orientación sexual o identidad de género al solicitar puestos de trabajo. Las personas LGBTQ de color (32%) tienen más probabilidades de experimentar ese tipo de discriminación que las personas LGBTQ blancas (13%). 22% de los estadounidenses LGBTQ no han recibido el mismo pago ni han sido promocionados al mismo nivel que sus compañeros.

Por otro lado, al mencionar los datos sobre discriminación y sus consecuencias nos encontramos lo siguiente:

El miedo impide que empleados LGBT sean ellos mismos en el trabajo

Las personas LGBT a menudo cubren o minimizan aspectos de su identidad o personalidad (por ejemplo, ocultando relaciones personales o cambiando la forma en que se visten o hablan) para evitar la discriminación. Los empleados reportan que se sienten agotados de gastar tiempo y energía ocultando su orientación sexual (17%) e identidad de género (13%).
Culturas de trabajo inclusivas

Un cuarto (25%) de los empleados LGBTQ informan que permanecen en un trabajo debido a un entorno que incluye a los LGBTQ. 10% de los empleados de LGBTQ han dejado un trabajo porque el entorno no aceptaba a las personas LGBTQ. Finalmente, en cuanto a posiciones de liderazgo, aseguran que los líderes corporativos abiertamente LGBT son raros.  Menos de 20 directores de juntas en las compañías Fortune 500 fueron LGBT + abiertamente en 2018.

Venezuela

Estos datos quizás puedan ayudarnos a entender por qué hay una marcada tendencia entre personas LGBTI a ser trabajadores independientes, por lo menos en Venezuela, optando por profesiones u ocupaciones que les permitan mantener cierta autonomía que les ayude a evitar la discriminación laboral. Entre las profesiones u ocupaciones más destacadas para quienes tienen la posibilidad de culminar una carrera podemos mencionar el diseño gráfico, diseño de moda o de interiores, el periodismo, la actuación, comunicador social, escritura, la tecnología, todo lo relacionado con la computación, redes sociales o en organizaciones de derechos humanos como ONG, fundaciones o asociaciones. Muchos han optado, con destacados resultados, en la peluquería o estética y el canto aficionado, pero otros menos afortunados terminan en el trabajo sexual o prostitución (en la mayoría de los casos de manera forzada).

Superar obstáculos

En palabras de Beth A. Brooke-Marciniak, mujer lesbiana y vicepresidente Global de Política Pública de EY, en un artículo publicado en 2015, aseguraba que “desde mi propia experiencia de ser “diferente” es multifacética. Era una mujer, introvertida y encerrada, con una política que tendía a diferir de mis compañeros en mi profesión fuertemente masculina y extrovertida”.

Sin embargo, agrega que esas diferencias contribuyeron a tener una propensión natural a ser una líder inclusiva, asegura. Dado que “había experimentado la posición de minoría en muchas dimensiones. Desde que salí del closet en 2011 he sido más sincera conmigo misma y más auténtica con los demás. En pocas palabras, me ha convertido en una mejor líder. Y estar en una posición de liderazgo en una organización global me ha proporcionado una plataforma para hablar abiertamente sobre una amplia gama de temas”.

¿Y qué pueden hacer las empresas para ayudar? Muy sencillo, seguir las recomendaciones del Manual de Naciones Unidas con los Estándares de conducta empresarial contra la discriminación a personas LGBTI.

Respeto a los derechos humanos; 2. eliminar la discriminación; 3. dar apoyo; 4. prevenir otras violaciones de DDHH; 5. actuar en la esfera pública.
Lo ideal sería comenzar con algunas medidas concretas podrían iniciar con la elaboración de protocolos contra el acoso laboral que incluyan mecanismos para recibir y procesar denuncias de discriminación por razón de la orientación sexual y la identidad y expresión de género.
En cuanto a beneficios laborales, un buen inicio seria ofrecer la inclusión del cónyuge en el seguro social sin distinción por orientación sexual. Pero lo más importante es ofrecer ambientes de trabajo amigables, libres de discriminación y con igualdad de oportunidades para mujeres y hombres, sin distinción alguna que les permita desarrollar su máximo potencial.

El techo de cristal ha ido rompiéndose a nivel mundial, aunque de manera excepcional, por ejemplo, Jóhanna Sigurðardóttir la primera mujer lesbiana que asume el cargo de Primera Ministra de Islandia (2009–2013), Ana Brnabić, primera mujer y lesbiana que asume el cargo de Primera Ministra de Serbia  desde 2017. Edith Windsor logró las más altas posiciones en IBM desde 1958 hasta 1975 cuando se retiró para fundar su propia empresa, pero enclosetada, bajo el temor de ser echada de la empresa por ser lesbiana. Apenas en 2018, Beth Ford se convirtió en la directora ejecutiva de Land O’Lakes y la primera mujer abiertamente gay en dirigir una compañía de Fortune 500.

Hace falta más, mucho más que colocar una bandera arcoíris en las empresas en fechas selectas. Hay que implementar medidas reales de inclusión en las empresas públicas y privadas y romper con el techo de cristal para mujeres heterosexuales y el doble techo de cristal para mujeres lesbianas.

domingo, 19 de enero de 2020

La importancia de ser visibles



La importancia de ser visibles

¿Es necesario un día de la visibilidad en Venezuela? Sí.  Pero claro, no se trata de solo visibilizar a las mujeres lesbianas, se trata de visibilizar que existimos, que tenemos derechos y que hasta ahora estos siguen sin ser reconocidos; que además, su no reconocimiento acarrea graves consecuencias. 
Tenemos derechos fundamentales,  y es el derecho a vivir y además ser visibles, porque siendo visibles luchamos contra la discriminación hacia mujeres lesbianas.  Ser visibles nos permite evidenciar la desigualdad de derechos y el rol que también nos compete en el espacio público. Para poder exigir derechos debemos ser visibles. 
Para ser visibles debemos pasar por tres etapas, es decir, el reconocimiento, la aceptación y la valoración de nosotras mismas.

1. El reconocimiento. Los seres humanos debemos reconocernos tal cual somos, reconocernos físicamente, emocionalmente, nuestras capacidades, fortalezas y debilidades, así como nuestros miedos y todos nuestros sentimientos.  
Es necesario reconocernos como mujeres lesbianas. Sí, es necesario decirlo, es necesario verbalizarlo, es necesario decir “soy lesbiana”, es necesario decir “a mí me gustan las mujeres” porque  lo que no se ve no se dice y lo que no se dice no existe.  
Es muy romántico decir “es que  yo no soy lesbiana, yo solo amo a mi pareja” o “es que  a mí no me gustan las mujeres, a mi gusta solo mi pareja”. Eso, en el fondo, podría significar el no reconocimiento de quienes somos, mujeres que amamos a otras mujeres.

2. La aceptación.  También debemos los seres humanos aceptarnos tal cual somos con nuestras virtudes y defectos. Nos toca ser honestas y ver lo que podemos cambiar y mejorar.  Pero también aceptar aquello que no podemos cambiar.
Debemos comenzar por aceptar nuestro cuerpo, no según estándares impuestos por la sociedad, por la publicidad o por lo que vende. Esto sucede en nuestra infancia. Mientras que la orientación sexual es algo que descubrimos en nuestra adolescencia. 
Si bien hoy en día nuestra corporalidad puede ser modificada, ya sea a través de tatuajes, cirugías estéticas y otras modificaciones como implantes es vital saber que nuestros cuerpos son perfectos, las preocupaciones surgen cuando comenzamos a compararnos con otros, olvidando que somos seres únicos e individuales con características muy particulares y nos hacemos un flaco favor resaltando defectos en lugar de virtudes.       
La orientación sexual, hasta ahora dominada por lo que se conoce como la heteronormatividad, es decir, la idea que la única posibilidad que existe es ser heterosexual, es la atracción física, emocional y sexual hacia otra persona, que puede ser del mismo sexo, de otro sexo o de ambos sexos. Es decir, no estamos obligadas a ser heterosexuales.  Sucede que todo el prejuicio, estigma y mitos elaborados alrededor de la homosexualidad han servido como un inhibidor. Por ende, quienes sienten atracción a alguien de su mismo sexo, pueden llegar a sentir rechazo.  
       
3. Valoración. Finalmente, debemos valor quienes somos. Es decir, poder ser mujeres dignas, queremos tener dignidad, no sentirnos inferiores a nadie, y saber que, independientemente de nuestras diferencias, todas valemos muchísimo.    
Esto significa saber que nuestra orientación sexual es tan solo una característica más de nuestro ser. Y que de ninguna manera puede definir quiénes somos como seres integrales. Somos muchas cosas según nuestro contexto, nuestra relación con los demás, según nuestra educación, según nuestra responsabilidad ante la sociedad, en el trabajo, en la familia, en fin… somos muchas cosas además de ser lesbianas.
Lograr un equilibrio entre estos tres elementos, indudablemente redundará en nuestra autoestima. La autoestima no es otra cosa que el conocimiento que tenemos sobre nuestra forma de ser y de comportarnos.  En otras palabras, la idea, el aprecio, la percepción  y el respeto que tenemos de nosotras mismas.   
Las mujeres lesbianas estamos en todos los ámbitos de la vida pública. Mientras más visibles seamos mejor será. En países como España y Argentina ya existen de manera oficial un día para la visibilidad lésbica, en el primer caso es el 7 de marzo y en el segundo es el 26 de abril.
¿De qué ha servido tener esas fechas en estos dos países?  
En España, por ejemplo ha servido para exigir igualdad de derechos sexuales y reproductivos. Un servicio ginecológico diferenciado y mayor apertura en los lugares de trabajo.
Por su parte, en Argentina, se ha creado, junto a la fecha de conmemoración una ley que sanciona los delitos contra las mujeres debido a su orientación sexual no heterosexual. Esto a partir del asesinato de Natalia, “La pepa” Gaitán. 
        
Desde hace pocos años hemos comenzado a tener referentes de mujeres famosas venezolanas que han decidido hacer pública su orientación sexual.  Un detalle importante es que en la mayoría de los casos, esta decisión surge cuando se está en una  relación de pareja y se desea compartir, o quizás no ocultar más la felicidad que deriva el compartir la vida con el ser amado. En otros casos como consecuencia de un episodio de discriminación que nos obliga a salir, a expresarnos públicamente y demandar nuestro derecho a una vida diga como mujeres lesbianas.
Tener referentes es importante porque estamos dando modelos a las chicas jóvenes y otras no tan jóvenes que en algún momento puedan sentirse atraídas por otras mujeres y tengan dudas por no contar con suficiente información, y en algunos casos, solo con la que llega plagada de estereotipos y sesgos patriarcales.  



Hablemos de lesbiandad y no de lesbianismo



Hablemos de lesbiandad y no de lesbianismo

Hace poco realizaba una revisión para un trabajo de investigación que he emprendido sobre la terminología relacionada con las personas LGBTI y me resistía al uso de la palabra "lesbianismo" puesto que al igual que el "homosexualismo" y "transgenerismo" el sufijo  "ismo" según una de sus acepciones en el diccionario de la RAE se refiere a una “forma de sustantivos que designan términos científicos”. Y ya sabemos que estos términos fueron históricamente asociados a enfermedades mentales. De allí pues mi rechazo a su uso.
En mi investigación me topé con un texto de la agrupación paraguaya Aireana, quienes han optado por el uso de la palabra “lesbiandad”. Les confieso que me gusta y he decidido adoptarlo y además recomendar su uso. Posteriormente, les haré formalmente la justificación lingüística. Por ahora les dejo la que hicieron estas chicas con las cual concuerdo plenamente. Así que hablemos de lesbiandad en lugar de lesbianismo. Ya nos encargaremos de la RAE.  
  
Acá lo que dicen las chicas de Aireana:

Una pequeña reflexión acerca de la palabra lesbianismo y el término que en Aireana nos gusta utilizar: LESBIANDAD
Lesbiandad. Jugando con las palabras y cambiamos las consignas de la revolución francesa LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD por LIBERTAD, IGUALDAD, LESBIANDAD para jugar un rato. Si la fraternidad se pretendía universal ¿por qué no la lesbiandad? Hay feministas que jugaron también y usaron sororidad en vez de fraternidad. Muy bien.
Y jugamos a la universalidad con la lesbiandad. (sabiendo que no lo es, no como la fraternidad que sí lo pretende) No como un concepto de todas las lesbianas hermanas unidas, sino como una idea simpática y cómplice de lo que podríamos llamar el mundo lésbico.
Lesbiandad es ciudadanía, es tener derechos, es ejercerlos. Lesbianismo ha de estar anotado en algún libro de psiquiatría, en alguna condena, en algún prontuario.
Por eso nos gusta lesbiandad, es alegre, es como una franja divertida. Lo decimos para cambiar la tragedia lésbica en una banda sonora permanente: la lesbiandad.
Además quienes dicen homosexualismo en vez de homosexualidad son los grupos fundamentalistas religiosos. No decimos que quienes digan lesbianismo en vez de lesbiandad lo sean, pero nos gusta jugar con las palabras.
Si fuéramos las autoras de un diccionario diríamos exactamente así:
Lesbiandad: alude a la asunción y ejercicio de la orientación sexual lésbica con una opción política de reivindicación. Se opone a la palabra lesbianismo que se refiere sólo a la práctica lésbica.
La expresión ha sido adoptada por Aireana, grupo por los derechos de las lesbianas (Asunción, Paraguay) adaptando las consignas de la revolución francesa, libertad, igualdad, lesbiandad, ironizando así sobre el universal masculino.
Bienvenidas a la lesbiandad (aunque entren por la puerta del lesbianismo).

A ellas las pueden encontrar en las redes sociales como AIREANA, Grupo por los derechos de las lesbianas. 

La palabra lesbiana



La palabra “lesbiana” está derivada del nombre de la isla griega de Lesbos, hogar en el siglo V a.C. de la poetisa Safo.
De los escritos que se han conservado, los historiadores han deducido que un grupo de mujeres jóvenes estaban a cargo de Safo para su instrucción y diversión.
No ha sobrevivido mucha de la poesía de Safo, pero la que se conoce refleja los temas sobre los que escribió: las vidas diarias de las mujeres, sus relaciones y rituales. Se centraba en la belleza de las mujeres y proclamaba su amor por las jóvenes.
Antes de finales del siglo XIX, la palabra «lesbiano/a» era un adjetivo que calificaba a aquello que derivaba de Lesbos, incluyendo un tipo de vino.
En 1890 la palabra fue usada en un diccionario médico como adjetivo para describir el tribadismo (como “amor lésbico”): gratificación sexual de dos mujeres a través de la simulación del coito.
“Lesbianismo”, para describir la relación erótica entre mujeres, fue documentado en 1870. El término era intercambiable con “sáfica” y “sadismo” hacia principios del siglo XX.

El uso de “lesbiana” en la literatura médica comenzó a ser prevalente; hacia 1925 la palabra está documentada como un sustantivo para referirse al equivalente femenino de un sodomita.
La subcultura lesbiana se desarrolló en respuesta a la categorización del lesbianismo como un problema médico por sexólogos como Richard von Krafft-Ebing.
El desarrollo del conocimiento médico fue un factor importante para las connotaciones que iba a incluir la palabra.
A mediados del siglo XIX, los divulgadores médicos trataron de establecer formas de identificar la homosexualidad masculina, que era vista como un problema social considerable en la mayoría de las sociedades occidentales.
Categorizando el comportamiento sexual, sexólogos como el alemán Magnus Hirschfeld se referían a la “inversión” como un comportamiento sexual normal para varones y mujeres, por lo que los varones y las mujeres variaban desde el “tipo sexual masculino perfecto” hasta el “tipo sexual femenino perfecto”.
La cantidad de literatura médica dedicada a la homosexualidad femenina era mucho menor que la dedicada a la homosexualidad masculina, ya que los profesionales médicos no lo consideraban un problema significativo. En algunos casos, ni siquiera reconocían su existencia.
Sin embargo, los sexólogos Richard von Krafft-Ebing de Alemania y Havelock Ellis del Reino Unido escribieron algunas de las categorizaciones más tempranas y duraderas de la homosexualidad femenina, considerándola un tipo de locura. Krafft-Ebing, que consideraba el lesbianismo (que llamaba “uranismo”) una enfermedad neurológica y Ellis, que estaba influenciado por los escritos de Krafft-Ebing, creían que la condición no era permanente. Ellis creía que muchas mujeres que profesaban amor por otras mujeres cambiaban sus sentimientos después de haberse casado y tener una “vida real”.
Sin embargo, Ellis admitía la existencia de “auténticas invertidas” que pasarían toda su vida en relaciones eróticas con otras mujeres. Éstas eran miembros del “tercer sexo”, que rechazaba el papel subalterno, femenino y doméstico de las mujeres.
La palabra “invertida” calificaba a la que realizaba los roles de género opuestos a su sexo y la atracción por mujeres, en lugar de por varones; debido a que las mujeres de la época victoriana eran consideradas incapaces de iniciar encuentros sexuales, las mujeres que lo hacían con otras mujeres se consideraba que tenían deseos sexuales masculinos.
Las obras de Krafft-Ebing y Ellis tuvieron una gran circulación y ayudaron a crear una conciencia pública sobre la homosexualidad femenina. Las afirmaciones de los sexólogos de que la homosexualidad era una anomalía congénita, por lo general, eran bien aceptadas por los varones homosexuales; indicaban que su comportamiento no estaba inspirado ni debía ser considerado un vicio criminal y era ampliamente admitida.
En ausencia de otro material para describir sus emociones, los homosexuales aceptaron la designación de “diferente” o “pervertido” y usaron su estatus de proscritos para formar círculos sociales en París y Berlín. “Lesbiana” y “lesbianismo” comenzaron a describir elementos de una subcultura.
Hoy en día el término es socialmente aceptado para hacer referencia a la homosexualidad femenina.




FUNDAQUIF


La Fundación Quiteria Franco (FUNDAQUIF) es una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es promover el derecho a la igualdad y la no discriminación y prevenir la discriminación hacia las mujeres por razón de su género, orientación sexual, identidad o expresión de género, edad, condición social u cualquier otra que disminuya sus capacidades de desarrollo como un ser humano integral.
Mision: promover el derecho a la igualdad y la no discriminación y prevenir la discriminación hacia las mujeres por razón de su género, orientación sexual, identidad o expresión de género, edad, condición social u cualquier otra que disminuya sus capacidades de desarrollo como un ser humano integral.
Vision: ser parte de la creación de una sociedad libre de prejuicios que permita a todos los seres humanos, en especial a las mujeres, vivir en condiciones de igualdad social según sus propios ideales, creencias, deseos o gustos.
Principios: nos guiamos por principios y valores como el respeto, la pluralidad de pensamiento, la sororidad, la confianza y la honestidad, entre otros, como parte de nuestro ser, pensar y actuar individual y colectivo.
Promovemos nuestros principios y valores a través de la educación, la formación, la sensibilización, las nuevas tecnologías de formación y comunicación, las artes y la cultura.
Promovemos la creación de espacios socio culturales para el empoderamiento de las mujeres lesbianas en Venezuela.

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